top of page
Buscar

Veo veo...

  • Enrique Lejárraga
  • hace 5 días
  • 2 Min. de lectura


“Veo veo…” no es un título buscado. Apareció. Era un juego. Un niño decía veo veo y otro respondía ¿qué ves?. Una cosita. ¿Con qué letrita es? Empieza por… Y ahí empezaba todo. Había que mirar, pero no mirar por mirar: mirar mejor que los demás. Elegir algo que estuviera ahí y que, sin embargo, pasara desapercibido. Nombrarlo sin decirlo. Ocultarlo lo justo para que pudiera ser descubierto.

Alguien acertaba. Ganaba. Pero en realidad todos aprendían, porque jugar era aprender. Y aprender, en el fondo, siempre ha sido un placer. Los animales juegan. Los perros, los gatos, los caballos, los elefantes. Juegan porque necesitan hacerlo, porque en ese juego se entrenan, se adaptan, exploran el mundo. Nosotros también. O deberíamos.

Hoy se juega menos. Y se mira peor. No porque falten imágenes, sino porque sobran. Muchas veces la mirada se queda en la superficie, atrapada en una pantal

la que lo da todo hecho. Se consume más de lo que se explora. Se pasa por encima de las cosas sin detenerse en ellas. Y sin ese pequeño esfuerzo —el de buscar, el de nombrar, el de descubrir— el aprendizaje se empobrece.

Quizá por eso “Veo veo…” sigue teniendo sentido. No como nostalgia, sino como método. Mirar, elegir, sugerir. Dejar espacio para que el otro complete. Proponer en lugar de imponer.

Eso es lo que intento hacer con cada imagen. No mostrar algo evidente, sino señalar algo que estaba ahí y que tal vez no se había visto. La fotografía, la pintura, los objetos o las imágenes generadas no son disciplinas separadas, sino distintas maneras de hacer lo mismo: jugar a mirar.

Porque al final todo conduce a lo mismo: jugar, explorar, descubrir, aprender, crear. Y volver a empezar.

“Veo veo…” no explica nada. No define nada. Solo propone. ¿Ves algo?

A partir de ahí empieza otro juego. El del artista consigo mismo. Un juego sin reglas fijas, en el que mirar ya no es solo descubrir, sino también elegir, combinar, descartar. A veces es un gesto consciente; otras, una deriva. Algo aparece sin saber muy bien de dónde viene y, sin embargo, se reconoce. No como una idea cerrada, sino como una intuición que tira de uno hacia adelante.

En ese proceso hay momentos de control y momentos de abandono. Instantes en los que todo parece encajar y otros en los que lo único que queda es seguir, casi a ciegas. Pero incluso ahí, o precisamente ahí, es donde el juego se vuelve más intenso. Porque ya no se trata de acertar, sino de sostener la atención, de permanecer en ese estado en el que algo está a punto de revelarse.

Crear es, en ese sentido, una forma de jugar en serio. Un juego en el que uno se pone a prueba, se engaña, se corrige y, a veces, se sorprende. Y cuando eso ocurre, cuando algo aparece con una claridad inesperada, no hay explicación que lo agote. Solo una especie de reconocimiento inmediato.

Es entonces cuando, casi sin pensarlo, surge de nuevo la misma frase.

Veo veo…

 
 
 

Comentarios


PAPEL ACUARELA GUARRO+_edited.jpg
© Todas las imágenes estan protegidas por derechos de autor

© Enrique Lejárraga. 2026

bottom of page